La productividad constante
El precio de vivir siempre acelerados.
La trampa del estar ocupado
En la era de la hiperconexión, parece que hemos convertido el “estar ocupados” en una medalla de honor.
Nuestros días empiezan revisando el móvil antes incluso de levantarnos de la cama, sigue solapando una tarea con la siguiente y terminan con pantallas brillando en la oscuridad, justo antes de intentar dormir.
Vivimos con la sensación de que si no estamos produciendo, estamos perdiendo el tiempo.
Pero, ¿realmente es así?
El mito de la productividad constante
Se nos ha vendido la idea de que el éxito se mide por la cantidad de cosas que hacemos en un día: reuniones de trabajo, cuida a tus hijos, cultiva tu mente leyendo, responde mensajes, haz deporte, dedica tiempo a los tuyos, vete a caminar, y un largo etcétera.
Esto nos mantiene en un estado de alerta casi permanente, donde descansar se siente como un lujo, e incluso como culpa.
La realidad es que ningún organismo está diseñado para funcionar a máxima velocidad todo el tiempo. La mente necesita pausas, el cuerpo necesita silencio, y las emociones necesitan espacio para procesarse.
Te invito a detenerte un momento y preguntarte:
•¿Estoy viviendo mi día o solo corriendo para llegar al siguiente?
•¿Estoy eligiendo mis prioridades o me estoy dejando llevar por lo que se espera de mí?
•¿Cuándo fue la última vez que disfruté del silencio sin sentirme incómodo?
A veces, el verdadero acto de valentía en este mundo acelerado es decidir ir más despacio.


