El miedo a no ser suficiente
Cuando quien debería proteger supone una amenaza
Una reflexión sobre el origen del trauma
“El trauma empieza cuando quien debería proteger supone una amenaza” Esta frase encierra una verdad profunda y dolorosa sobre la naturaleza del sufrimiento humano. El trauma no siempre nace de un accidente, una guerra o una catástrofe visible. A menudo germina en lugares donde debería florecer la seguridad: el hogar, la familia, la escuela, las relaciones de cuidado. Nace cuando la confianza, que debería ser un refugio, se convierte en un campo minado.
La importancia de la infancia
Desde la infancia, los seres humanos dependemos de otros para sobrevivir. Nuestra mente se forma en torno a vínculos afectivos que, idealmente, nos ofrecen contención, guía y amor. Cuando esa figura —el padre, la madre, el maestro, el amigo, la pareja— en lugar de cuidar, hiere; en lugar de proteger, humilla; en lugar de acoger, abandona; algo se rompe en lo más profundo del ser.
No se trata solo del dolor de una agresión, sino de la confusión que deja el hecho de que el peligro provenga precisamente de quien debía ser refugio. Esa contradicción desorienta, fragmenta y deja una huella que muchas veces persiste durante años.
El cuerpo reacciona
El trauma relacional no solo se graba en la memoria, sino también en el cuerpo. El sistema nervioso, que debería aprender a calmarse ante la presencia de quienes ama, aprende en cambio a estar en alerta. Donde debería haber calma, hay tensión; donde debería haber cercanía, hay miedo. La mente aprende a desconfiar incluso del afecto, y el cuerpo responde a la ternura como si fuera amenaza. No se trata solo del dolor de una agresión, sino de la confusión que deja el hecho de que el peligro provenga precisamente de quien debía ser refugio. Esa contradicción desorienta, fragmenta y deja una huella que muchas veces persiste durante años.
Comprender y Sanar
Comprender esto no es culpar sin más, sino reconocer la magnitud del daño que puede causar el abuso de poder emocional o físico dentro de una relación de cuidado. Significa reconocer que el trauma no surge solo del acto violento, sino de la traición del vínculo.
Y también significa que sanar implica volver a aprender a confiar: en los otros, en la vida, y sobre todo, en uno mismo. Sanar es reconstruir la noción de seguridad desde adentro, con paciencia y compasión, sabiendo que es posible transformar el miedo en fuerza y la herida en sabiduría.


