El Origen del Trauma

Cómo liberarnos de la autoexigencia

El origen del trauma

¿Te sientes constantemente insuficiente o autoexigente? Descubre cómo la autocompasión y la aceptación pueden ayudarte a liberarte del perfeccionismo y mejorar tu bienestar emocional.

Seguro que te suenan: “Podría hacerlo mejor.” “No soy tan bueno como los demás.”

Estas frases se repiten en la mente de muchas personas que viven bajo el peso de la autoexigencia. En una sociedad que premia el éxito, el rendimiento y la imagen, no sentirse suficiente se ha vuelto una experiencia común y profundamente dolorosa.

Aprendemos desde pequeños que valemos por lo que logramos, no por lo que somos. Pero cuando nuestro valor depende del resultado, siempre habrá algo más que alcanzar, algo que falta.

La trampa del perfeccionismo:

El perfeccionismo parece una virtud, pero en realidad es una forma de miedo. Miedo a fallar, a decepcionar, a no ser amados.
Nos comparamos constantemente, buscando validación externa, sin darnos cuenta de que la exigencia infinita nos desconecta de la posibilidad de sentir paz.

En lugar de impulsarnos, la autoexigencia suele generar ansiedad, agotamiento y culpa. Es un ciclo sin fin: cuanto más nos forzamos a ser “mejores”, más sentimos que no lo somos.

La autocompasión como camino de libertad: tratarse bien no es debilidad, es salud mental. La autocompasión implica hablarnos con amabilidad, reconocer el esfuerzo, aceptar la imperfección.
Ser compasivos no significa conformarnos, sino acompañarnos con respeto en el proceso de crecimiento.

Cuando dejamos de pelear contra nosotros mismos, surge algo poderoso: la calma. Ya no necesitamos demostrar nada para sentir que somos valiosos. Somos suficientes por el simple hecho de ser humanos.

La sanación no llega cuando logramos ser perfectos, sino cuando dejamos de exigirnos serlo.

El verdadero crecimiento no consiste en hacer más, sino en ser más conscientes de lo que ya somos: seres imperfectos, vulnerables y profundamente dignos de amor.

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