Trauma y EMDR

Cuando la infancia marca el presente

Trauma y EMDR

Todos llevamos una historia dentro. Algunas de esas historias están llenas de momentos de amor, cuidado y seguridad; otras, en cambio, guardan experiencias dolorosas que dejaron una huella más profunda de lo que creemos.

El trauma relacional no siempre proviene de un solo evento, sino de experiencias repetidas en las que no nos sentimos vistos, protegidos o validados y que con el tiempo, afectan la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.

Identificar nuestras heridas de la infancia no es motivo de vergüenza, sino un acto de honestidad y compasión con nosotros mismos.

Hablar de trauma no significa hablar de debilidad, sino de humanidad compartida. Y solo cuando aceptamos que todos cargamos con esas huellas invisibles, podemos abrir la puerta a la sanación, la empatía y a relaciones más seguras y auténticas.

¿Cómo sanar estas heridas invisibles?

El EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es una terapia avalada científicamente para tratar acontecimientos traumáticos. Se basa en la capacidad natural del cerebro de procesar y sanar recuerdos dolorosos que quedaron “atascados” o no procesados.

Durante las sesiones, se utilizan movimientos oculares u otras formas de estimulación bilateral para ayudar al cerebro a integrar esas experiencias de forma más saludable. Esto no borra el pasado, pero sí reduce la intensidad emocional del recuerdo, permitiendo que la persona pueda recordarlo sin revivirlo con el mismo dolor.

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